Desde La Luz del Porvenir queremos invitar a la reflexión destacando un breve texto extraído de un discurso ofrecido por el Dr. Hofmann en el Primer Congreso Internacional Espiritista celebrado en Barcelona en septiembre de 1888, intitulado:
Necesidad de una federación espírita universal y de sus objetivos moral, social y político.

El Dr. Giovanni Hoffman, perteneció a la Academia Internacional de Estudios Espiritistas y Magnéticos. Fue filólogo y ejerció como vicepresidente en el mencionado evento. Consideramos que sus palabras no tienen desperdicio siendo importante leerlas y analizarlas.
Hofmann hace un llamado a la unión, fraternidad, solidaridad y libertad como aspiraciones para el futuro de la sociedad entera, destacando que los espíritas debemos concurrir a su realización con todos los recursos de nuestro espíritu: la fuerza de nuestra inteligencia, el calor de nuestros corazones y sobre todo con el ejemplo.
Plantea varias preguntas acerca de cuál debe de ser la ocupación primordial del Congreso al que están asistiendo, lanzando de primeras dos cuestiones:
¿Se trataría de establecer el carácter científico del Espiritismo? ¿De estudiar tal vez los más seguros y expeditos medios para propagar sus creencias?
Hoffman responde que ni lo uno ni lo otro porque, en el aspecto científico, el Espiritismo considerado como ciencia positiva, tiene ya la sanción oficial, gracias a los trabajos eminentes y rigurosamente experimentales de aquellos que fueron los primeros sabios, según sus propias palabras. Expresa que los hechos no son opinables, y las investigaciones especulativas de Wallace, de Crookes, de Zöllner, de Aksakoff, de Flammarion, de la Sociedad Dialéctica de Londres, etc., tenían ya, entonces, el carácter de verdad axiomática. Por todo ello, para él, el primer punto estaría fuera de discusión.
En cuanto a la segunda cuestión destaca que no admitiendo la doctrina espírita como principios sino lo demostrado hasta la evidencia o lo que lógicamente muestra la observación, se asimilará siempre, siendo éste el orden natural de las cosas.
Recuerda el espírita italiano lo dicho por el Maestro Kardec:
El Espiritismo caminando con el Progreso, no puede ser distanciado nunca, porque, si nuevos descubrimientos le mostrasen que se hallaba en el error por cualquier detalle, modificaría aquel detalle; si una nueva verdad se le revelara, aceptaría aquella verdad.
Por lo tanto, concluye, el Espiritismo flotará siempre brillante y puro, porque Dios ha sembrado su semilla y no podrá ser destruida jamás por mano de hombre. Las grandes doctrinas, cuanto más verdaderamente justas, son más verdaderamente fuertes.
Entonces ¿sobre qué pone énfasis Hoffman? Él mira hacia una nueva fase. Acabada casi la fase experimental, ya era necesario preocuparse de la fase social: propone edificar un pueblo nuevo, reconstruir y regenerar el pasado, trabajar en renovar el mundo, en rejuvenecer el organismo vicioso y casi caduco del ser enfermo y débil: la Humanidad; sugiere oponerse con valentía a la corriente que amenazaba con sorber a todos hacia las simas del nihilismo, del más espantoso marasmo que combatía la sociedad de aquellos tiempos; y derramar por igual, sobre todas las ruedas del engranaje social, la savia ardiente y fecunda que destila nuestra doctrina.
Y he aquí la misión que la doctrina espírita debe cumplir en su nueva fase, según el criterio de Hofmann: debiendo ser en sus aplicaciones prácticas, eminentemente moral, social y política. Mostrando la fuerza de nuestra unión, de nuestros alientos, y con ellos la de nuestra creencia. No solamente hemos de conmover ideas, sino sentimientos.
Y es cuando pronuncia estas palabras:
Es preciso primeramente que nos amemos todos, y enseñar a cuantos aún se ríen de los lirismos del corazón, cuán verdadera alegría constituye ese sentimiento para el individuo, como la prosperidad para las naciones; suplir a todos los sistemas actuales de educación con sistemas nuevos, donde se haga predominar la ley de amor sobre todas las demás leyes. Es preciso hablar de esas leyes del amor a nuestros hijos, con los sentimientos que ennoblecen, no con los prejuicios que rebajan; es necesario habituarles a la franqueza, inspirándoles horror a toda pasión vergonzosa; con buenos elementos, no nos resultarán sujetos pervertidos. Hemos de hacer comprender a los niños cuánto hay de verdadero y de bueno en la filosofía y en la moral espírita; en tanto que el hombre no sepa de dónde viene, cuál es su razón de ser en este mundo y a dónde va, o, en otros términos, en tanto no se haya formado una idea verdadera del orden universal, no existirá sociedad realmente humana, ni pueblos que realicen con conciencia plena el divino ideal de su humanidad.
Entre tanta claridad coloca la ley del amor como el gran beneficio para cada uno y para las naciones en todo el planeta. Se precisa reformular los sistemas de educación para que todos tengan esta ley como eje. Hacerlo desde el comienzo de la vida, hablando a los más pequeños, a los hijos, en el hogar ¿cómo? Con un talante de progreso, razón y comprensión. Expongamos algunas deducciones valiéndonos de propósitos que afirmen la buena intención y aquello a lo que sería aconsejable decir: No.
- Sí a los sentimientos que ennoblecen.
- No a los tantísimos prejuicios que merman, humillan, disminuyen, limitan.
Necesitamos trasmitir la importancia de escuchar los sentimientos, de no ahogarlos, de expresarlos en diálogo sincero con los pensamientos y conciliar interiormente para buscar la propia coherencia. El ser humano ha recurrido al arte para poder expresarse desde el interior al exterior. Es una necesidad tan grande que ha desarrollado modos de hacerlo pese a tantos obstáculos impuestos. ¿Se ha podido hacer esto libremente en el ambiente social incluso familiar? No, nos ha costado mucho. Pensemos cuántos prejuicios se tienen. Cuántas manipulaciones castrantes.
No podemos jamás ridiculizar el amor en sus infinitas variedades de expresión siendo esta una sensibilidad honesta, íntima. Coincidimos con Hoffman al decir que este sentimiento emanado del corazón constituye una verdadera alegría tanto para el individuo como para la prosperidad de las naciones. Si partiésemos de esa base educativa, cuánto cambiaría el mundo. Una base sensible que despierta al ser y le abre a los grandes cambios íntimos y sociales. Y no es algo irrealizable, es algo que requiere mucho esfuerzo en cada uno de nosotros para derribar barreras que ya no tiene sentido mantener.
- Sí a la franqueza.
- No a todo aquello que se enmascara y lleva a la mentira, conduce al abismo de unas pasiones que atrapan vilmente y producen personas sumidas en sus propios enredos y desvaríos de los que difícilmente pueden llegar a salir.
Si meditamos bien, todo embuste es una huida. Daría para horas de reflexión sobre la cantidad de auto engaños que acumulamos, sobre los que, además, sustentamos lo que nos han enseñado a pensar como correcto, pero que ya no sentimos como verdad. Son normas que ha habido que seguir y sobre ellas pusimos las bases de la vida familiar, laboral, social etc., sin embargo, hemos comprobado su invalidez. Seamos valientes para reformular y no seguir huyendo.
Sí a una educación capaz de trasladar con el ejemplo todo lo bueno y productivo de esta filosofía que abrazamos y su consecuencia ético moral. De lo que se deduce que si comprendemos los principios espíritas no hay excusas para no establecer una línea coherente y progresiva en nuestra actitud de vida.
No entones a la imposición; paso a la pedagogía siempre.
Sí al conocimiento que nos ayuda a discernir y entender, de dónde venimos; cuál es la razón de ser en este mundo que nos acoge; hacia dónde nos dirigimos; qué papel jugamos como individuos, como colectividad humana; como seres creados siendo parte de un universo igualmente creado y con el cual cooperamos. A partir de aquí cada ser humano cogerá las riendas de su vida, asumirá su responsabilidad, comprenderá la riqueza de la colectividad, y se encaminará hacia esos grandes objetivos de unión, fraternidad, igualdad, solidaridad, es decir, Justicia, Amor y Caridad.
Todo un despliegue de posibilidades imprescindible para avanzar con una Conciencia Social y realmente humana. Si los espíritas no obramos así, flaco favor nos estamos haciendo a nosotros, al movimiento y al Espiritismo.
Rosa Mª Pérez Duque
La Luz del Porvenir


